Roger Federer lleva su magia a cuestas por donde quiera que vaya. La combinación de tres elementos: sus características formativas, su gran talento y todo el trabajo que acumuló en su carrera dan como resultado el fenómeno deportivo que todos conocemos.
Con Rafa Nadal y Novak Djokovic pasa algo similar. Y a los tres, el mercado tenístico les proporciona un enorme reconocimiento que excede el marco de lo popular y los deja en una situación mas que privilegiada.
Pero de lo que quiero hablar hoy aquí es de un "contexto imprescindible", tan importante y esencial como desapercibido e injustamente menospreciado: La estructura humana en la que han estado parados.
Y cuando lo digo, no me estoy refiriendo a la ATP, sino a la masa de jugadores que, por distintas vías, configuran el tenis profesional.
Sin intención de polemizar sobre ciertas reglas de mercado, ni proponer un modelo socialista del tenis, estimo muy saludable el hábito de internarse en la información de los distintos cambios que se producen "desde el último subsuelo hasta la antesala del top ten".
A principio de la temporada 2019 realicé una selección de 18 jugadores de hasta 19 años de edad, con ránking ATP dentro de los primeros 600 del mundo, con la intención de seguir su evolución y , fundamentalmente, ser testigo de los pasos previos a cada irrupción en la élite del tenis. Desde que hago este tipo de trabajo, he podido vislumbrar a muchos jugadores en "explosión", establecerse en la elite mundial del tenis, miemtras otros, solo se asomaban tímidamente. .
El mas conocido de todos aquellos "seguidos" en la lista era Felix Auger Aliassime (hoy, ATP #30), que progresó 87 puestos en los primeros meses de 2019, cuando tenía 18 años, y llegó a estar en el #6 a los 21 años.
En ese mismo año, Sebastián Korda trepaba 275 puestos y Emil Ruusuvuori otros 261, mientras que, con 17 años, un desconocido Jack Draper subía 219 lugares.
A la fecha de hoy, podría nombrar a los siguientes jugadores que, por su corta edad, hacen que su posición en el ránking sea mirada con asombro y esperanza.:
Con menos de 18 años: Justin Hengel (#333), Diego Dedura Palomero (#372), Darwin Blanch (#561), Maximo Mrva (#582)
Con menos de 19 años: Joao Fonseca (#65) y Rei Sakamoto (#281), Nicolai Budkov (#291). Federico Cina (#323).
Con menos de 20 años: Jakub Mensik (#19), Aprendiz Tien (#67), Martin Landaluce (#147).
Solo 3 del listado de 18, perdieron ránking. Algo que siempre puede ocurrir por distintas circunstancias, pero que habla claramente de una predisposición general de estos chicos para ascender y tener su oportunidad.
Ellos, junto con el resto del circuito, son la base de la pirámide. Y no hay pirámide sin base. Los grandes campeones no podrían ser quienes son sin estos "flujos de ascenso" pugnando desde sus lugares actuales y ocupando como lo han hecho los pequeños bloques, sus lugares en la configuración de la gran pirámide del tenis.
Otro día hablamos de cuánto deberían ganar estos bloques para que la pirámide no se convierta en una administradora de privilegios ni en una máquina de picar carne.
La base se mueve. Y gracias a Dios, que es así.
Honremos a nuestros próceres del tenis pasado. Pero seamos testigos del fenómeno que los concibe y contiene: La movilidad de las bases.
Evaristo Pescadas Traful
